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Romin Five

Nuestra metodología

De una necesidad a un proyecto bien estructurado.

Un proyecto puede comenzar con un problema claramente identificado, una oportunidad, una idea todavía por desarrollar o incluso con una solución que la organización ya tiene en mente.

Nuestro trabajo consiste en comprender qué existe detrás de ese punto de partida y convertirlo en un proyecto con dirección, alcance y objetivos claros.

Para hacerlo seguimos una lógica de intervención que nos permite avanzar desde la comprensión de la necesidad hasta la implementación y continuidad de la solución:

Entender. Diagnosticar. Diseñar. Implementar. Transferir. Evolucionar.

Estas etapas no son una fórmula rígida.

Cada proyecto requiere distinta profundidad, especialistas, recursos y formas de ejecución.

Lo que permanece constante es el criterio con el que trabajamos: comprender antes de decidir, estructurar antes de ejecutar y comprobar que lo implementado realmente responda al objetivo.

Entender

Antes de analizar el problema, necesitamos comprender el contexto.

Todo proyecto comienza con lo que la organización observa.

Puede ser una necesidad claramente definida, un problema que está afectando la operación, una oportunidad que quiere desarrollar o incluso una solución que ya tiene en mente.

Nuestro primer trabajo es escuchar.

Comprendemos qué se quiere lograr, quiénes están involucrados, cómo funciona actualmente la organización, qué condiciones existen y qué expectativas rodean al proyecto.

También identificamos restricciones, antecedentes y aquello que ya se ha intentado.

No asumimos que la primera explicación sea incorrecta.

Pero tampoco asumimos que sea necesariamente completa.

Entender nos permite construir una visión suficientemente clara del contexto antes de comenzar a diagnosticar.

Diagnosticar

Identificar qué está influyendo realmente antes de decidir qué hacer.

Una vez comprendido el contexto, analizamos las condiciones que pueden estar afectando el resultado o determinando el éxito del proyecto.

Dependiendo de la necesidad, revisamos procesos, operación, personas, información, tecnología, infraestructura, conocimiento interno, capacidades disponibles, riesgos y otras variables relevantes.

Buscamos distinguir entre lo que se observa y aquello que realmente lo está provocando.

Separamos síntomas, causas, oportunidades y restricciones.

También revisamos qué recursos ya existen, qué puede aprovecharse y qué condiciones necesitan fortalecerse antes de avanzar.

Un buen diagnóstico puede confirmar la idea inicial.

También puede modificarla.

Cambiar el alcance cuando la evidencia lo justifica no significa desviarnos del proyecto. Significa haber comprendido mejor lo que realmente necesita resolverse.

Diseñar

Convertir el diagnóstico en un proyecto con dirección clara.

Una vez que comprendemos qué necesita resolverse, diseñamos la intervención adecuada.

Definimos qué queremos lograr, cuál será el alcance del proyecto, qué capacidades deberán participar, qué recursos serán necesarios y cómo se organizará el trabajo.

Establecemos etapas, responsabilidades, entregables y criterios que permitan evaluar si la solución está alcanzando el resultado esperado.

También determinamos qué debe construirse, modificarse, integrarse o aprovecharse de lo que ya existe.

No buscamos diseñar la solución más grande ni la más sofisticada.

Buscamos la que tenga sentido para la necesidad, el contexto y las capacidades reales de la organización.

Diseñar bien significa convertir una buena comprensión del problema en un proyecto que pueda ejecutarse con claridad.

Implementar

Convertir lo diseñado en una solución que funcione en la realidad.

Cuando el proyecto requiere ejecución, llevamos la estrategia a la práctica.

Coordinamos las capacidades y especialistas necesarios, desarrollamos las soluciones, realizamos las configuraciones, implementamos los cambios y acompañamos la puesta en marcha.

La implementación puede involucrar tecnología, procesos, infraestructura, sistemas, formación, comunicación, talento u otras disciplinas, dependiendo de lo que el proyecto requiera.

No buscamos ejecutar más de lo necesario.

Buscamos que cada componente responda al objetivo definido y funcione dentro de las condiciones reales de la organización.

Durante la implementación validamos avances, resolvemos ajustes y verificamos que lo desarrollado pueda operar como fue previsto.

Implementar significa convertir una buena decisión en una solución que realmente pueda utilizarse y generar valor.

Transferir

Preparar a las personas para continuar con lo que se ha construido.

Una implementación no está completa solamente porque la solución ya funciona.

También necesitamos considerar quién la utilizará, administrará, mantendrá o continuará después del proyecto.

Por eso documentamos lo necesario, explicamos decisiones, compartimos conocimiento y preparamos a las personas responsables de dar continuidad a lo implementado.

Cuando el proyecto lo requiere, desarrollamos procesos de formación, acompañamiento o transición para facilitar la adopción y asegurar que el conocimiento no permanezca concentrado únicamente en quienes participaron en su desarrollo.

También dejamos bajo control de la organización los recursos, accesos, documentación y activos que le correspondan.

La profundidad de esta transferencia depende de cada proyecto.

Transferir significa dejar las condiciones necesarias para que lo implementado pueda continuar funcionando, utilizándose y evolucionando después de nuestra intervención.

Evolucionar

Evaluar lo logrado, aprender y decidir qué sigue.

Una vez que la solución está funcionando, contrastamos los resultados con los objetivos y criterios definidos desde el diseño del proyecto.

Revisamos qué funcionó, qué necesita ajustarse y qué aprendizajes deja la implementación.

Cuando corresponde, realizamos mejoras, corregimos desviaciones o fortalecemos aspectos necesarios para consolidar el resultado.

También podemos identificar nuevas oportunidades que antes no eran visibles o que surgen como consecuencia de lo aprendido durante el proyecto.

Eso no significa que toda intervención deba continuar indefinidamente.

Un proyecto puede cumplir su objetivo y concluir.

Y si más adelante aparece una nueva necesidad, oportunidad o desafío, podemos volver a trabajar juntos a partir de lo que ya conocemos y hemos construido.

Evolucionar significa utilizar los resultados y el aprendizaje del proyecto para tomar mejores decisiones sobre lo que sigue.

Un método. Distintas formas de aplicarlo.

Cada proyecto tiene su propia realidad.

Algunos requieren un diagnóstico profundo antes de definir la intervención.

Otros parten de condiciones suficientemente claras y pueden avanzar con mayor rapidez hacia el diseño o la implementación.

Hay proyectos en los que participa una sola capacidad y otros que requieren integrar distintas disciplinas y especialistas.

También varían la profundidad de la transferencia, los criterios de evaluación y las condiciones necesarias para continuar.

La metodología nos da una lógica común para trabajar.

El proyecto determina cómo debemos aplicarla.

No necesitas saber cuál es el siguiente paso.

Puedes llegar con una necesidad clara, una idea todavía por desarrollar o una situación que simplemente sabes que necesita resolverse.

No esperamos que tengas definido el diagnóstico, la solución o el alcance del proyecto.

Ese es precisamente el trabajo que comenzamos a construir contigo.

En una asesoría inicial conoceremos tu situación, entenderemos qué quieres lograr y podremos identificar cómo tiene sentido comenzar.